De entre las mil anécdotas de celiacos
que a uno le van sucediendo (y si eres celiaco no te libras de
absurdos surrealistas ni encerrándote en tu casa), novecientas de
ellas tienen que ver con profesionales de la hostelería, al menos en
mi caso concreto.
Por muy diversos motivos, he de
comer/cenar en la calle varias veces al mes, y no siempre puedo
elegir un sitio con cartas adaptadas. Este hecho me ha ido dando una
perspectiva muy particular sobre cómo ve y se comporta un celiaco
con los camareros y demás trabajadores del sector hostelero.
Y antes de empezar, decir que en ningún
momento estas letras pretende ser un agravio o mofa a los camareros y
demás profesionales del sector (todo los casos que expongo los he
vivido personalmente), tan sólo es una mirada particular y socarrona
con la que sobrellevar la batalla celiaca del “comer fuera” y no
morir un poco en el intento; a veces lo consigo, a veces no.
El caso es que cuando eres celiaco
desarrollas extraños poderes con el personal de hostelería y antes
de que el camarero te haya saludado, tu ya le has hecho una ficha
psicológica tan precisa que si el FBI supiera de tus habilidades te
tendría adiestrando a sus agentes y dando conferencias por el mundo.
Habrá celiacos que lo hacen más
conscientemente y otros menos, pero ahí están tus poderes, y sin
que lo sepas, tu cerebro tiene catalogado un amplio repertorio de la
tipología “El celiaco y el camarero”
- El camarero que se te acerca
arrastrando los píes, tiene ojeras, sujeta el chisme de las comandas
con fastidio y no deja de resoplar: Está cansado y harto del día,
hay que soltarle la parrafada celiaca con frases cortas y tono
neutro, el contacto visual ha de ser relajado y se reserva la
intensidad visual para la frase final acompañada de sonrisa cálida
y el oportuno por favor sobre los protocolos a seguir en tu comida.
Si al finalizar te pregunta, con corrección neutra “¿Alguna cosa
más para comer?” Date por un poco muertito en el intento, porque
no se ha enterado que tu problema no es que elegir que comer si no
averiguar si hay al menos una opción.
Catalogación: Aliado transitorio de
conveniencia - Nivel Arriesgadillo.
- El camarero que se te acerca viene
con paso brioso nada más verte, lleva el uniforme impecablemente
puesto, reketepeinado, las uñas arregladisimas y ha empezado a
sonreír antes de que tus posaderas tocaran la silla: Este tipo de
empleados suelen ser habituales en los restaurantes y hoteles
elegantes, aunque los hay en todo tipo de hábitats.
Aquí procede una parrafada celiaca muy
bien explicoteada con maridaje de preguntas claves sobre la
contaminación cruzada, la freidora, la plancha y el horno. Puedes
excederte y dejar volar tu neurosis celiaca todo lo que necesites,
siempre serán amables, colaboradores y te ofrecerán toda
información solicitada además de darte facilidades
Catalogación: Amigo en terreno hostil
– Nivel Fiable oscilando a Fiablillo.
- El camarero que se te acerca con
paso relajado y paciente mientras porta el chisme de la comanda cómo
si fuera una extensión natural de su brazo, y apoyando la mano libre
en tu silla saluda con familiaridad. Son esos profesionales
bonachones y bien intencionados que suelen desconocer que el camino
al infierno celiaco está empedrado de buenas intenciones. Andan algo
perdidos con lo del gluten, eres el primer celiaco que les cae en una
mesa y se sienten un poco perplejos, pero son de natural amable y
colaborador. Ellos no pueden poner mucho de su parte, pero cómo hace
más el que quiere que el que puede, tú acabas cenando lo más
seguro que te pueda ofrecer.
Catalogación: Amigo de gran ajenitud
celiaca en terreno hostil – Nivel bastante fiable si no lo lías
con florituras y antojos.
- El camarero que se te acerca sin que
te hayas fijado en su presencia y cuando le largas tu parrafada
celiaca, dudosa sobre la técnica a usar porque no has podido
catalogarlo, y va y te suelta con una sonrisa tranquilizadora que él
es celiaco. Ahí, en ese momento, se te empieza a derramar el amor y
te dan ganas de decirle que lo quieres. Y cuando te informa de lo que
puede ser fiable para ti, te pregunta si quieres un poco de pan sin
gluten, que él tiene metido en un tuper fuera de la cocina, y te
tienes que contener para no arrodillarte y pedirle matrimonio. ¿Tú
comiendo pan sin gluten en un restaurante sin cartas adaptadas? El
momento apoteósico llega cuando te ofrece un par de cervezas sin
gluten que tiene por ahí, es inevitable que te levantes, le declares
todo tu amor celiaco y le tomes las medidas para hacerle una estatua
a tamaño natural de platino.
Catalogación: Te quiero, te adoro –
Nivel Te sigo queriendo y adorando
- El camarero que se te acerca y
después de tu parrafada te dice todo sonriente que es un poco
celiaco o con parientes un poco celiacos y que controla el tema (me
he llegado a encontrar una camarera que antes era celiaca y se curó):
Todos sabemos que la enfermedad celiaca, al igual que la preñez,
carece de grados. O estás preñada o no, o eres celiaco o no. Y es
para siempre (la E.C., no la preñez)
Catalogación: Vade retro satanas –
Nivel Peligro Apocaliptico
No he mencionado a nuestros
profesionales favoritos del sector, los de restaurantes adaptados en
donde hay un celiaco en el negocio, porque a esos sitios vamos con
los pompones en el bolso, la pancarta de 3 metros llena de frases
entusiastas y les hacemos la ola cuando vemos más de dos postres
para elegir.
He sido camarera y cocinera muchos
años, con situaciones absurdas y surrealistas de todo tipo (es una
profesión que se presta a ello) pero mirar y relacionarme en este
sector desde la particular y estrecha esquina de la E.C., ha sido muy
enriquecedor; tanto a nivel alimentario cómo literario.
¡Buen provecho sin gluten!
soy fan incondicional de este blog, y punto pelota, punto pelota
ResponderEliminar