26/9/15

Conocimientos útiles para la celiaquía: Adiestramiento canino. I

Hace unos años, me pasé tres meses entrando y saliendo de urgencias con una supuesta gastroenteritis que no remitía con nada. Cuando ya había perdido peso en exceso y tenía pinta de haber trabajado toda la vida con Madame Curie, llegaron el ingreso, las pruebas y esa amiga para toda la vida que te endosaban porque si: Ella; La Celiaquía.
Yo no me la quería llevar a casa, insistí en que ya tenía amigos de sobra y no me hacía falta una más, pero el personal hospitalario se rió una pechá y me dijeron que a ver si pensaba que me estaban dando a elegir.
Total, que me la traje a regañadientes (sabido es que a la fuerzan ahorcan), y cuando llegamos a casa, senté a mi nueva muy mejor amiga y le dije muy seria señalándola con el dedo
- Cucha Celi, a partir de ahora vamos a vivir juntas y tendremos que hacer algunos cambios y adaptarnos y tal y tal, pero algo te voy a decir: yo tengo una vida, que sin ser perfecta me gusta y de vez en cuando hasta me lo paso bien, y no voy a empezar a cambiar mis planes, ni a andar contando contigo sólo por el hecho de que tú seas una tikismikis con la cosa esa de los cereales. Siento decírtelo de esta manera, pero, pese a vivir conmigo, no estás incluida en mis planes. Puede que no te guste – le dije tal que una perdonavidas – pero, a mí tampoco me preguntó nadie si tú me gustabas y aquí estás ¡Es lo que hay! Así que vamos a llevarnos bien, calladita y no molestes.
Y va la muy chula, se me levanta con los brazos en jarras, la cabeza toda estirada y frunciendo los morros me dice con voz petulante - ¡Ja, ja y reketeja! Yo voy contigo a todos los lados, quiero que me presentes al personal y alternar con ellos ¡He dicho!
- Arrogancias a mí las mínimas Celi – le dijé con la firme convicción de que nadie me iba a torear – Ya sabes que, además de tener muchos conocimientos sobre alimentación (resultaron no ser suficientes), soy un pozo sin fondo leyendo, así que, por la ignorancia nunca me atajarás (me atajó, pero sólo un tiempo), ten presente que por las malas nunca sacarás nada de mí (vaya si lo sacó) – y en plan engreída-pedantona rematé - La filosofía me ha enseñado que siempre tengo elección, jamás cederé al chantaje (¡Qué ingenuo es uno cuando está en la adolescencia de su celiquía!)

Al principio no lo sabes (o no quieres saberlo, que viene a ser lo mismo) pero La Celi no es que sea chula, es lo siguiente, y de las que no se bajan del burro te pongas cómo te pongas, y vaya si le gusta alternar y hacer vida social.
Los primeros tiempos pasaba de ella, pero al final no me quedó otra que claudicar; mi historia con ella está llena de claudicaciones, los médicos deberían advertir de los daños colaterales que causa la EC, cómo claudicación continua, frustración y surrealismo variado ¡Es que no te cuentan nunca nada de lo importante!
Hubo muchas negociaciones entre La Celi y yo ¡Pa na´! Porque la muy puñetera a todo respondía “¡Contaminación cruzada, contaminación por transferencia!” Y si, siempre tenía elección cómo decía la filosofía, o la escogía a ella o a la cagalera con tripotazo y demás bonitos síntomas. Tengo que volver a leer sobre esa parte de la filosofía a ver donde viene lo de las elecciones y la diarrea, porque no lo recuerdo tan escatológico.
Así que La Celi acabó metiéndose en todos los asuntos de mi vida, entró arrasando cómo si fuera un elefante en una cristalería y se puso a bailar la conga con un cartel que decía “he venido para quedarme”.
La tenía que llevar a todos lados, casi siempre con alguna cosilla de picar en el bolso por si no encontraba nada de comer, porque yo, como de todo, pero ella no, y claro, servidora maneja el asunto de la voluntad y el libre albedrío, pero La Celi se ocupa del asunto intestinal.
Y si, alterna mucho conmigo, le he presentado a la familia, amigos, un montón de camareros, empleados de super, médicos, farmacéuticos y algún que otro extraño. Y si bien nos costó adaptarnos la una a la otra, poco a poco fuimos lográndolo, salvo en un asunto que me molestaba mucho y por el que siempre discutíamos sin llegar a ningún lado: la salivación ante olores y alimentos prohibidos (que en el caso de lo celiacos suelen ser casi todos si no estás en tu casa).
Pasábamos las dos por cualquier calle y al oler las pizzas o algún aroma pastelero se te hacía la boca agua, el estómago bailoteaba y venga más saliva. Al principio me cabreaba - ¡Coño Celi deja ya de hacerme la boca agua que sabes que no lo podemos comer! - luego opté por ser cariñosa y paciente, diciéndole - nena, que no puedes andar salivando cada vez que vemos u olemos algo, venga va, olvídalo, pasa de ello - Pero no funcionó, así que tuve que tomar cartas en el asunto y volví a sentar a La Celi y a hablarle muy clarito, y esta vez tendría que ser contundente y enfrentarme a ella cómo lo hago con cualquier macho alfa de mi manada de perros (y es que La Celi es el macho alfa de mi manada de arrechuches).
- Cucha otra vez Celi – yo muy seria e inquebrantable - ¿Ves al perrazo ese negro que parece una bestia parda salida del averno? - ella lo miró con chulería porque mis perros no le dan miedo (el pienso canino si; mucho gluten y tal) – Es Rinty, un macho muy dominante de pastor checoslovaco con 45 kilos de musculo. Podría arrancarme la cabeza de dos bocados, el brazo de un tirón de correa y no consiente jamás que se socave su autoridad, pero, cuando yo le digo quieto, que se siente, se vaya a casa, dar, o simplemente la palabra “no”, el obedece ipso facto, y ni siquiera es de mi especie ni hablamos el mismo idioma. Elige, o me ayudas en esto o a ti te acabo poniendo yo cómo al Rinty aunque no vuelva a salir de casa jamás de los jamases – el truco en estas cosas de enfrentarse a sujetos alfa es que no dudes siquiera una milésima de segundo de tu autoridad, hay que trasmitir que la única opción es la que tú ofreces y no es negociable.
El caso es que debí de impresionarla bastante, sinceramente, estaba jartita de perder siempre en el miserable poker de la celiaquía; La Celi siempre llevaba alguna escalera de color. Pero esta vez la hice dudar ¿Y sí por casualidad yo tenía una escalera de color más alta que la suya?
- La mayoría de conocimientos que tienes son extrapolables a otras áreas – me respondió La Celi muy serena hablándome con respeto por primera vez - ¿Qué haces con un perro cuando le quieres quitar un vicio o costumbre indeseable?
- Básicamente - respondí yo muy alucinada y docta - hay que estar pendiente del estímulo que desencadena ese comportamiento y distraerlo nada más empieza, e ir condicionándolo a otro comportamiento más aceptable hasta desarraigar el comportamiento indeseable. Existe también la opción de castigar al animal cómo método represivo, pero nosotros sólo practicamos el adiestramiento en positivo en donde jamás se castiga al animal y ...
- Si si si, bla, bla, bla – me cortó con su chulería habitual; es que es chula y ya está – resumiendo, distraes al cerebro para que deje de centrarse en ese estímulo y vaya aprendiendo un comportamiento diferente ante él. No es a mí a quien tienes que adiestrar y modificar la conducta – y me pareció verla sonreír – Puedo quitarte muchas cosas, no dejaré de hacerlo nunca; Soy La Celi, es mi naturaleza, pero si eres cuidadosa, estás atenta y te esfuerzas un poco, puedo darte pequeñas joyas de gran valor y utilidad.

Ese fue el momento en que me reconcilié con mi celiaquía, fue la primera vez que La Celi me ofreció algo bueno: Una constante estimulación de la creatividad para aplicar conocimientos muy variados y de muy diversos campos buscando atajar los mil y un problemas de ser celiaco; me pareció una ofrenda paz que no podía rechazar, así que le dije con cariñito cargado de cansancio
- ¿Quieres ser mi amiga y dejamos ya de pelearnos?.

Lo de cómo nos fue en el adiestramiento canino para dejar de salivar, diré que, os podéis comer un limón delante de mí sin que yo suelte una gotita de saliva, pero eso, os lo cuento otro día.


* Muchas gracias a todos los que me dejáis mensajes sobre mis “parrafadas”(mi vanidad jamás ha estado tan gorda) y que nunca contesto (mi cortesía sufre delgadez extrema). Mi tiempo es limitado, y soy yo la que se considera agradecida por prestarme un espacio (y parte de vuestro tiempo) para hacer terapia con las complicaciones que me supone la celiquía día a día. Lo cierto es que me ahorráis un montón de pasta en psiquiatras.

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