6/9/15

DE CELIACOS Y CAMAREROS

De entre las mil anécdotas de celiacos que a uno le van sucediendo (y si eres celiaco no te libras de absurdos surrealistas ni encerrándote en tu casa), novecientas de ellas tienen que ver con profesionales de la hostelería, al menos en mi caso concreto.
Por muy diversos motivos, he de comer/cenar en la calle varias veces al mes, y no siempre puedo elegir un sitio con cartas adaptadas. Este hecho me ha ido dando una perspectiva muy particular sobre cómo ve y se comporta un celiaco con los camareros y demás trabajadores del sector hostelero.
Y antes de empezar, decir que en ningún momento estas letras pretende ser un agravio o mofa a los camareros y demás profesionales del sector (todo los casos que expongo los he vivido personalmente), tan sólo es una mirada particular y socarrona con la que sobrellevar la batalla celiaca del “comer fuera” y no morir un poco en el intento; a veces lo consigo, a veces no.

El caso es que cuando eres celiaco desarrollas extraños poderes con el personal de hostelería y antes de que el camarero te haya saludado, tu ya le has hecho una ficha psicológica tan precisa que si el FBI supiera de tus habilidades te tendría adiestrando a sus agentes y dando conferencias por el mundo.
Habrá celiacos que lo hacen más conscientemente y otros menos, pero ahí están tus poderes, y sin que lo sepas, tu cerebro tiene catalogado un amplio repertorio de la tipología “El celiaco y el camarero”

- El camarero que se te acerca arrastrando los píes, tiene ojeras, sujeta el chisme de las comandas con fastidio y no deja de resoplar: Está cansado y harto del día, hay que soltarle la parrafada celiaca con frases cortas y tono neutro, el contacto visual ha de ser relajado y se reserva la intensidad visual para la frase final acompañada de sonrisa cálida y el oportuno por favor sobre los protocolos a seguir en tu comida. Si al finalizar te pregunta, con corrección neutra “¿Alguna cosa más para comer?” Date por un poco muertito en el intento, porque no se ha enterado que tu problema no es que elegir que comer si no averiguar si hay al menos una opción.
Catalogación: Aliado transitorio de conveniencia - Nivel Arriesgadillo.

- El camarero que se te acerca viene con paso brioso nada más verte, lleva el uniforme impecablemente puesto, reketepeinado, las uñas arregladisimas y ha empezado a sonreír antes de que tus posaderas tocaran la silla: Este tipo de empleados suelen ser habituales en los restaurantes y hoteles elegantes, aunque los hay en todo tipo de hábitats.
Aquí procede una parrafada celiaca muy bien explicoteada con maridaje de preguntas claves sobre la contaminación cruzada, la freidora, la plancha y el horno. Puedes excederte y dejar volar tu neurosis celiaca todo lo que necesites, siempre serán amables, colaboradores y te ofrecerán toda información solicitada además de darte facilidades
Catalogación: Amigo en terreno hostil – Nivel Fiable oscilando a Fiablillo.

- El camarero que se te acerca con paso relajado y paciente mientras porta el chisme de la comanda cómo si fuera una extensión natural de su brazo, y apoyando la mano libre en tu silla saluda con familiaridad. Son esos profesionales bonachones y bien intencionados que suelen desconocer que el camino al infierno celiaco está empedrado de buenas intenciones. Andan algo perdidos con lo del gluten, eres el primer celiaco que les cae en una mesa y se sienten un poco perplejos, pero son de natural amable y colaborador. Ellos no pueden poner mucho de su parte, pero cómo hace más el que quiere que el que puede, tú acabas cenando lo más seguro que te pueda ofrecer.
Catalogación: Amigo de gran ajenitud celiaca en terreno hostil – Nivel bastante fiable si no lo lías con florituras y antojos.

- El camarero que se te acerca sin que te hayas fijado en su presencia y cuando le largas tu parrafada celiaca, dudosa sobre la técnica a usar porque no has podido catalogarlo, y va y te suelta con una sonrisa tranquilizadora que él es celiaco. Ahí, en ese momento, se te empieza a derramar el amor y te dan ganas de decirle que lo quieres. Y cuando te informa de lo que puede ser fiable para ti, te pregunta si quieres un poco de pan sin gluten, que él tiene metido en un tuper fuera de la cocina, y te tienes que contener para no arrodillarte y pedirle matrimonio. ¿Tú comiendo pan sin gluten en un restaurante sin cartas adaptadas? El momento apoteósico llega cuando te ofrece un par de cervezas sin gluten que tiene por ahí, es inevitable que te levantes, le declares todo tu amor celiaco y le tomes las medidas para hacerle una estatua a tamaño natural de platino.
Catalogación: Te quiero, te adoro – Nivel Te sigo queriendo y adorando

- El camarero que se te acerca y después de tu parrafada te dice todo sonriente que es un poco celiaco o con parientes un poco celiacos y que controla el tema (me he llegado a encontrar una camarera que antes era celiaca y se curó): Todos sabemos que la enfermedad celiaca, al igual que la preñez, carece de grados. O estás preñada o no, o eres celiaco o no. Y es para siempre (la E.C., no la preñez)
Catalogación: Vade retro satanas – Nivel Peligro Apocaliptico

No he mencionado a nuestros profesionales favoritos del sector, los de restaurantes adaptados en donde hay un celiaco en el negocio, porque a esos sitios vamos con los pompones en el bolso, la pancarta de 3 metros llena de frases entusiastas y les hacemos la ola cuando vemos más de dos postres para elegir.
He sido camarera y cocinera muchos años, con situaciones absurdas y surrealistas de todo tipo (es una profesión que se presta a ello) pero mirar y relacionarme en este sector desde la particular y estrecha esquina de la E.C., ha sido muy enriquecedor; tanto a nivel alimentario cómo literario.


¡Buen provecho sin gluten!  

1 comentario:

  1. soy fan incondicional de este blog, y punto pelota, punto pelota

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