17/12/15

A MENOS VEINTICINCO

Por fin tengo algo bueno que contar de La Celi, y no hablo de esa constante estimulación de la creatividad para atajar todas las cortapisas que supone ser celiaco, no no; que esa constante estimulación tiene más de forzado sexo anal que de maravillosa experiencia, no se me vayan a confundir con mis disfrutes, que por mí, La Celi se podía haber ahorrado venir a mi vida para estimularme tanto, y ya me hubiera dedicado yo a estudiar la teoría de cuerdas de la física cuántica o alguna otra cosilla ligera por el estilo.
Pero por primera vez, La Celi me ha dado algo de valor en un asunto musical que me tenía muy preocupada.

Cómo todo hijo de vecino, tengo en mis haberes gustos musicales muy eclécticos que he ido adquiriendo a golpe familia, pareja, amigos, trabajo, redes sociales, salto de mata y misceláneas varias. Pero mi última adquisición me tenía muy reketepreocupada.

En mi largo periplo por géneros, compases y ritmos degenerados, pasé de, cantar adolescentemente a Los Chichos cómo si me fuera arrancar el alma en cada estrofa, a silbar con maestría a Coltrane o Los Conciertos de Brandemburgo paladeando cada nota, acorde...
Por el camino tuve aventuras ilícitas con artistas de dudosa catadura, cuyo nombre no recuerdo porque eran flor de un día. ¡Vale, a un par de ellos si los recuerdo! Y si, sigo queriendo a Camela y al Fary. De tarde en tarde, después de asegurarme que tengo el Spotify en sesión muy privada privadisima, me pongo un par de canciones y hasta fantaseo que, lo mismo que los hipsters rescataron a Raphael, algún día, quizás, rescaten al menos a El Fary; una vez un fan me permitió ver levantado en 3D Farylandia y los niveles de lisergia alcanzados fueron cuantiosos ¡No podemos dejar que eso se pierda!

Ha habido dos amores musicales en mi vida: el jazz y el rap.
Tuve un largo e intenso romance con el Jazz ¡Pero de los romances chicharreros grandes y duraderos! Que me enchufaba yo a Charlie Parker el uno de Febrero (a 8 horas diarias), y lo quitaba el 5 de Agosto para seguir con A Love Supreme hasta finales de año y en el mismo número de horas. Y así me iba yo merendando saxos año tras año.
Y aunque fue un amor largo, denso y pasional, ahora sólo nos vemos en ocasiones especiales; el espacio dónde nos encontrábamos desapareció hace tiempo y nos cuesta hallar un lugar para reunirnos.

Con el rap también tuve durante años un intenso affaire en el trabajo ¡La típica cana al aíre que se echa en tu entorno laboral! No me gustaba ni atraía nada, pero trabajaba en una empresa en dónde al llegar controlaba el hilo musical de la oficina, pero a la media hora de mis más escogidas piezas de jazz (¿A quién no le gusta Stan Getz? ¡Eso sólo puede suceder si no tienes corazón!), me lo capaban diciendo que ya era suficiente de música de negros que se mueren soplando, y a todo volumen entraban aquellos raperos con voz de mata madres rajando tímpanos. Y en fin y tal, lo uno llevo a lo otro, lo otro a lo uno, y sin darnos cuenta fue surgiendo el amor y nos acabamos liando.
Siempre supe que era un amor pasajero, pero fruto de aquella relación, rapeo yo a Doctor Dre, los Violadores del Verso o a la Mala Rodriguez con un arte que quita er sentío.

Mi inmensa promiscuidad musical me ha hecho picotear en muchos terrenos y muy variados, pero ha habido uno que siempre me fue ajeno: el reguetón. Qué no digo yo que no tenga su “aquello”, pero siempre me produjo una cierta desazón inexplicable.
Pero oye, que hace unos meses empecé a tararear a Juan Magan, Paulina Rubio y Dasoul. De mano le eché la culpa al runrún machacón de los medios con ciertos artistas, luego me reprendí por llevar las barreras intelectuales bajadas ante esos ataques rítmicos, pero nada; era sonar por cualquier lado el “Vuelve” y me enganchaba yo a berrear con el Magan y su panda y a bailar y disfrutar cómo si el apocalipsis fuera mañana a las tres menos veinticinco. Luego, llena de vergüenza, me justificaba diciendo que, lo que me pasaba era que necesitaba hacer ejercicio, y mi cuerpo me lo comunicaba de esa manera.
Seguí justificando mi nueva perversión hasta que hace una semana me vi guardando en el Spotify el álbum de Juan Magan y Paulina Rubio, y claro, ahí ya tuve que tomar cartas en el asunto porque los álbumes de la Holliday, Coltrane, Cohen y otra serie de Grandes Señores/as del asunto musical me miraron torcido de verse compartiendo espacio con esa gente. ¡Así que llame a La Celi!
- Oye tú - le dije muy sería y circunspecta - ¿Has andado toqueteando en mi química cerebral? - y cómo la conozco y sé que es de natural tocapelotas y revuelve en todos mis adentros, añadí – Ya sabes que tenemos firmada una tensa tregua en nuestra relación, y que cualquier cambio me lo tienes que comunicar.
- ¿Qué pasa? - preguntó ella muy críptica
- Pues pasa que ahora me tira el reguetón ¡Y eso si que no! ¡Reguetón y Cohello jamás! ¿Es cosa tuya?
- Ah eso - me responde así cómo muy conciliadora ella, y cruzando los brazos sentencia - ¡Me gusta el reguetón! Me pone de buen humor. Ea
De mano me cabreó mucho (es algo muy traumático vivir estas experiencias), pero ya luego respiré tranquila porque me sentí aliviada y tal. Qué no sabía yo cómo digerir esa nueva afición al reguetón (¡Qué pasaba unas vergüenzas muy grandes!), pero si es cosa de La Celi es diferente, que yo no tengo la culpa de que sus gustos sean tan así de esa manera, además, seguro que es una etapa pasajera adolescente, y mientras le controle el gluten y no le de por ponerse un piercing en el ombligo, no hay de que preocuparse.


Por una vez en nuestra tortuosa relación me sirve para algo útil La Celi, y recomiendo que si alguno de ustedes tiene un dolencia con personalidad propia, procure adjudicarle todos los gustos que sean de dudosa reputación.

14/12/15

HOMENAJE A UN SABOR CAÍDO POR EL GLUTEN

Soy celiaca desde hace unos años y a mi celiaquía la trato de tú; yo la llamo La Celi, y si bien empezamos nuestra relación cómo acerrimas enemigas, con los años e intensas negociaciones, hemos llegado a una delicada y tensa tregua en donde casi todos los días hay renegociaciones y claudicaciones nuevas. Algunas veces la tregua se rompe y me suele salir caro.
Podría decirse que considero a La Celi una amiga impuesta, cuya personalidad no me gusta un pelo y con la que me veo abocada a entenderme. Y fíjense que la llamo amiga a pesar de todo, y es que, si va a vivir conmigo y me la voy a tener que llevar a todos lados (algunos bastante íntimos) creo que será más rentable tenerla de mi lado que contra mí; es una cuestión de minimizar el desgaste lo máximo posible (¡Y La Celi sabe de desgastes!)

Hoy estaba comprando en el supermercado ese de “Allíhaydetodoparalosceliacos” y mientras rebuscaba el sello del “sin gluten” o advertencias de trazas en los pimentones picantes - los señores que hacen el etiquetado alimentario son extraterrestres y tienen a los humanos por seres con superpoderes de visión - un retazo de olor a pimentón me traslado a mi infancia entre los pucheros de mi abuela, sentada al lado de la cocina de carbón, cenando sopas de ajo inundadas de pimentón, ajos fritos, huevo y trozos de ese denso pan de pueblo con el que podrías levantar una muralla defensiva si fuera menester. Y estaba yo ahí, abstraída con mi recuerdo, tan ricamente, preguntándome por qué no hacía sopas de ajo nunca, y en ese momento, oí el sonido de disco rallado que precede a la aparición de La Celi cuando hay que renegociar los tratados de nuestra tregua.
- Vengo a informarte - dijo La Celi muy diplomática - que de entre tus posesiones, me voy a quedar con casi todos aquellos sabores que están ligados a los recuerdos de tu infancia. Por supuesto - señaló con corrección - las sopas de ajo, joya de tu paladar infantil, y que tan trenzado está al cariño de tu abuela con los cinco sentidos de tu cuerpo, pasan a ser territorio vedado para ti a nivel degustación.
- Existen muchos panes sin gluten - le respondí intentando aparentar un optimismo aceptable - aún no hace falta sacrificar nada - pero lo decía sabiendo que en el miserable poker del gluten, La Celi siempre lleva escalera de color, y claro, con esas cartas se traga mal los faroles y le gano pocas veces.

De entre las muchas claudicaciones y cesiones que he hecho, ha sido la primera vez que soy consciente que, muchos de los sabores de mi infancia no podré volver a experimentarlos tal cómo están en mi memoria; nunca más volveré durante unos segundos al territorio de mi niñez a través de ciertas comidas ¡Y lo acepto! Pero no volver nunca a esas sopas de ajo con el macizo pan de pueblo, me ha supuesto una perdida de las que duelen un poco.
¡Ja´puta La Celi!

HOMENAJE A UN SABOR CAIDO POR EL GLUTEN
Sopa de ajos de mi abuela:
-Un puñain de ajos (mi abuela era asturiana y cómo cualquier abuela medía a su bola)
-Dos cucharines de pimentón
-Un huevo
-Aceite, sal y agua
-Pan recio (de trigo), a ser posible del día anterior.
Se sofrien los ajos con el pimentón en una sartén, se echan al agua y cuando hierva se casca el huevo y se menea el agua para que se hilache, inmediatamente se le añaden los trozos de pan cortados en laminas pequeñas y gordas, se deja hervir 5 minutos, y se pone a reposar una hora que el pan se vaya bebiendo la sopa antes de servirla.


¿A qué todos los celiacos saben por qué esta sopa no es adaptable ni lejanamente?

5/12/15

CONSIDERACIONES CELIACAS LITERARIAS

Hace tiempo que no me pasa ningún incidente celiaco, y es que esta temporada ni siquiera me dicen eso tan bonito de “en el Mercadona hay de todo para celiacos”. Voy a tener que tomar cartas en el asunto porque esto puede acabar con mi carrera de celiacoarticulista. Así que, por favor, todos los implicados en mi vida literaria del género celiaco, les ruego lean mis peticiones y se hagan cargo de mi gran drama.

Petición a mis médicos:
Queridos médicos de mis entretelas e intolerancias, desde hace un tiempo vienen siendo ustedes muy profesionales y diligentes, ya no se equivocan dándome medicamentos con gluten, es más, he visto perder a una doctora media hora con el Vademecum para asegurarse, y hasta hubo uno que me preguntó por el tipo de Marsh que me dio la biopsia al tiempo que me explicaba el gran problema que son las trazas para los celiacos ¿Pero esto qué es? ¿Cómo voy a escribir chascarrillos sobre celiacos si son ustedes tan eficientes? Un poquito de compasión por favor, al menos un decirme que soy poco celiaca, o que la dieta paleozoica me curará, no sé ¡Pónganle imaginación, cualquier disparate vale para un celiaco!

Petición a mi familia:
Querida familia de mi orbe familiar, lleváis una racha muy mala conmigo; me tenéis cerveza y latas sin gluten en vuestras casas, cuando hacemos reuniones buscáis alimentos que pueda comer y me consultáis cómo hacerlo, y ante la duda me dejáis que yo lo cocine ¡Y hasta os acordáis de traerme mis birras en las reuniones!, no ponéis ninguna pega cuando digo “¡Pan sin gluten para todos!” y si hay pan glutanero me sentáis en la cabecera de la mesa y tenéis cuidado con las migas. Y en el colmo de los colmos, cuando me preguntáis si puedo comer algún preparado en especial y digo que no, no me insistís ¡Ni siquiera me decís eso de “por un poquito no pasa nada”!

Petición a mis amigos:
Queridos amigos de mi galaxia amiguil, con vosotros estoy tan decepcionada cómo con mi familia, os empeñáis en tenerme cerveza sin gluten en vuestra casa, en guardarme un sitio en la mesa alejado y cocinar cosas que se coman sin pan cuando voy yo a comer. Y por si fuera poco, si vamos a comer fuera, me dejáis elegir dónde y no replicáis cuando pido pan sin gluten para todos. De acuerdo que vosotros nunca me habéis generado mucha producción literaria (sois demasiados considerados y así no hay manera), pero por el bien de nuestra amistad, a ver si nos esforzamos un poquito más.

Petición a los charcuteros:
Queridos charcuteros del mundo chacineril, aunque era vegetariana antes de que llegara mi amiga la Celi a mi vida, pues ya no lo soy. Aún recuerdo cuando iba a vosotros y me ponías caras raras cuando os daba la chicharrera con los ingredientes, decía lo del cuchillo limpio o que os cambiarais los guantes. Pero es que llevamos una temporadita que es verme entrar y me ponéis al día del nuevo salchichón sin gluten que ha llegado mientras os cambiáis los guantes y limpiáis el cuchillo.

Petición a los camareros:
Queridos camareros de la heroica aventura celiaca de comer fuera. Vosotros, que tanto arte habéis generado en mi pluma, que sois fuente infinita de surrealismos de alto nivel y con los que siempre podemos contar para llevarnos nuestra poquita de frustración. Vosotros, que sois la joya de mi producción dentro del género celiaco y a los que deudo más del 50% de mi escrituralidad celiaca, sabed que me tenéis muy olvidada. Qué la última vez que me arriesgué a comer en un japonés, me salió una chica requetepuesta en el tema, me indicó los platos y salsas aptas de la carta, dónde se cocinaban y que estaban libres de contaminación cruzada ¡La escuchaba horrorizada! Y cuando acabó hasta me recomendó un sitio donde tienen desayunos, comidas y cervezuelas sin gluten ¿Pero a dónde vamos a llegar con camareros tan bien informados y sensibles? ¡Un poquito de consideración por mi arte por favor!

¿Qué bonita sería la vida celiaca si sólo nos pudiéramos quejar de cosas así, eh?