26/9/15

Conocimientos útiles para la celiaquía: Adiestramiento canino. I

Hace unos años, me pasé tres meses entrando y saliendo de urgencias con una supuesta gastroenteritis que no remitía con nada. Cuando ya había perdido peso en exceso y tenía pinta de haber trabajado toda la vida con Madame Curie, llegaron el ingreso, las pruebas y esa amiga para toda la vida que te endosaban porque si: Ella; La Celiaquía.
Yo no me la quería llevar a casa, insistí en que ya tenía amigos de sobra y no me hacía falta una más, pero el personal hospitalario se rió una pechá y me dijeron que a ver si pensaba que me estaban dando a elegir.
Total, que me la traje a regañadientes (sabido es que a la fuerzan ahorcan), y cuando llegamos a casa, senté a mi nueva muy mejor amiga y le dije muy seria señalándola con el dedo
- Cucha Celi, a partir de ahora vamos a vivir juntas y tendremos que hacer algunos cambios y adaptarnos y tal y tal, pero algo te voy a decir: yo tengo una vida, que sin ser perfecta me gusta y de vez en cuando hasta me lo paso bien, y no voy a empezar a cambiar mis planes, ni a andar contando contigo sólo por el hecho de que tú seas una tikismikis con la cosa esa de los cereales. Siento decírtelo de esta manera, pero, pese a vivir conmigo, no estás incluida en mis planes. Puede que no te guste – le dije tal que una perdonavidas – pero, a mí tampoco me preguntó nadie si tú me gustabas y aquí estás ¡Es lo que hay! Así que vamos a llevarnos bien, calladita y no molestes.
Y va la muy chula, se me levanta con los brazos en jarras, la cabeza toda estirada y frunciendo los morros me dice con voz petulante - ¡Ja, ja y reketeja! Yo voy contigo a todos los lados, quiero que me presentes al personal y alternar con ellos ¡He dicho!
- Arrogancias a mí las mínimas Celi – le dijé con la firme convicción de que nadie me iba a torear – Ya sabes que, además de tener muchos conocimientos sobre alimentación (resultaron no ser suficientes), soy un pozo sin fondo leyendo, así que, por la ignorancia nunca me atajarás (me atajó, pero sólo un tiempo), ten presente que por las malas nunca sacarás nada de mí (vaya si lo sacó) – y en plan engreída-pedantona rematé - La filosofía me ha enseñado que siempre tengo elección, jamás cederé al chantaje (¡Qué ingenuo es uno cuando está en la adolescencia de su celiquía!)

Al principio no lo sabes (o no quieres saberlo, que viene a ser lo mismo) pero La Celi no es que sea chula, es lo siguiente, y de las que no se bajan del burro te pongas cómo te pongas, y vaya si le gusta alternar y hacer vida social.
Los primeros tiempos pasaba de ella, pero al final no me quedó otra que claudicar; mi historia con ella está llena de claudicaciones, los médicos deberían advertir de los daños colaterales que causa la EC, cómo claudicación continua, frustración y surrealismo variado ¡Es que no te cuentan nunca nada de lo importante!
Hubo muchas negociaciones entre La Celi y yo ¡Pa na´! Porque la muy puñetera a todo respondía “¡Contaminación cruzada, contaminación por transferencia!” Y si, siempre tenía elección cómo decía la filosofía, o la escogía a ella o a la cagalera con tripotazo y demás bonitos síntomas. Tengo que volver a leer sobre esa parte de la filosofía a ver donde viene lo de las elecciones y la diarrea, porque no lo recuerdo tan escatológico.
Así que La Celi acabó metiéndose en todos los asuntos de mi vida, entró arrasando cómo si fuera un elefante en una cristalería y se puso a bailar la conga con un cartel que decía “he venido para quedarme”.
La tenía que llevar a todos lados, casi siempre con alguna cosilla de picar en el bolso por si no encontraba nada de comer, porque yo, como de todo, pero ella no, y claro, servidora maneja el asunto de la voluntad y el libre albedrío, pero La Celi se ocupa del asunto intestinal.
Y si, alterna mucho conmigo, le he presentado a la familia, amigos, un montón de camareros, empleados de super, médicos, farmacéuticos y algún que otro extraño. Y si bien nos costó adaptarnos la una a la otra, poco a poco fuimos lográndolo, salvo en un asunto que me molestaba mucho y por el que siempre discutíamos sin llegar a ningún lado: la salivación ante olores y alimentos prohibidos (que en el caso de lo celiacos suelen ser casi todos si no estás en tu casa).
Pasábamos las dos por cualquier calle y al oler las pizzas o algún aroma pastelero se te hacía la boca agua, el estómago bailoteaba y venga más saliva. Al principio me cabreaba - ¡Coño Celi deja ya de hacerme la boca agua que sabes que no lo podemos comer! - luego opté por ser cariñosa y paciente, diciéndole - nena, que no puedes andar salivando cada vez que vemos u olemos algo, venga va, olvídalo, pasa de ello - Pero no funcionó, así que tuve que tomar cartas en el asunto y volví a sentar a La Celi y a hablarle muy clarito, y esta vez tendría que ser contundente y enfrentarme a ella cómo lo hago con cualquier macho alfa de mi manada de perros (y es que La Celi es el macho alfa de mi manada de arrechuches).
- Cucha otra vez Celi – yo muy seria e inquebrantable - ¿Ves al perrazo ese negro que parece una bestia parda salida del averno? - ella lo miró con chulería porque mis perros no le dan miedo (el pienso canino si; mucho gluten y tal) – Es Rinty, un macho muy dominante de pastor checoslovaco con 45 kilos de musculo. Podría arrancarme la cabeza de dos bocados, el brazo de un tirón de correa y no consiente jamás que se socave su autoridad, pero, cuando yo le digo quieto, que se siente, se vaya a casa, dar, o simplemente la palabra “no”, el obedece ipso facto, y ni siquiera es de mi especie ni hablamos el mismo idioma. Elige, o me ayudas en esto o a ti te acabo poniendo yo cómo al Rinty aunque no vuelva a salir de casa jamás de los jamases – el truco en estas cosas de enfrentarse a sujetos alfa es que no dudes siquiera una milésima de segundo de tu autoridad, hay que trasmitir que la única opción es la que tú ofreces y no es negociable.
El caso es que debí de impresionarla bastante, sinceramente, estaba jartita de perder siempre en el miserable poker de la celiaquía; La Celi siempre llevaba alguna escalera de color. Pero esta vez la hice dudar ¿Y sí por casualidad yo tenía una escalera de color más alta que la suya?
- La mayoría de conocimientos que tienes son extrapolables a otras áreas – me respondió La Celi muy serena hablándome con respeto por primera vez - ¿Qué haces con un perro cuando le quieres quitar un vicio o costumbre indeseable?
- Básicamente - respondí yo muy alucinada y docta - hay que estar pendiente del estímulo que desencadena ese comportamiento y distraerlo nada más empieza, e ir condicionándolo a otro comportamiento más aceptable hasta desarraigar el comportamiento indeseable. Existe también la opción de castigar al animal cómo método represivo, pero nosotros sólo practicamos el adiestramiento en positivo en donde jamás se castiga al animal y ...
- Si si si, bla, bla, bla – me cortó con su chulería habitual; es que es chula y ya está – resumiendo, distraes al cerebro para que deje de centrarse en ese estímulo y vaya aprendiendo un comportamiento diferente ante él. No es a mí a quien tienes que adiestrar y modificar la conducta – y me pareció verla sonreír – Puedo quitarte muchas cosas, no dejaré de hacerlo nunca; Soy La Celi, es mi naturaleza, pero si eres cuidadosa, estás atenta y te esfuerzas un poco, puedo darte pequeñas joyas de gran valor y utilidad.

Ese fue el momento en que me reconcilié con mi celiaquía, fue la primera vez que La Celi me ofreció algo bueno: Una constante estimulación de la creatividad para aplicar conocimientos muy variados y de muy diversos campos buscando atajar los mil y un problemas de ser celiaco; me pareció una ofrenda paz que no podía rechazar, así que le dije con cariñito cargado de cansancio
- ¿Quieres ser mi amiga y dejamos ya de pelearnos?.

Lo de cómo nos fue en el adiestramiento canino para dejar de salivar, diré que, os podéis comer un limón delante de mí sin que yo suelte una gotita de saliva, pero eso, os lo cuento otro día.


* Muchas gracias a todos los que me dejáis mensajes sobre mis “parrafadas”(mi vanidad jamás ha estado tan gorda) y que nunca contesto (mi cortesía sufre delgadez extrema). Mi tiempo es limitado, y soy yo la que se considera agradecida por prestarme un espacio (y parte de vuestro tiempo) para hacer terapia con las complicaciones que me supone la celiquía día a día. Lo cierto es que me ahorráis un montón de pasta en psiquiatras.

18/9/15

OPCIONES DE LA CELIAQUÍA: REÍR O MATAR

Este verano tuve super comida familiar (que yo siempre preparo sin gluten), y me acerqué a la sección de embutidos del Corte Inglés de mi provincia, que tiene máquina para cortar embutidos sin gluten. Antes de que me los corten, le pido al charcutero que se cambie por favor de guantes y le suelto todo el explicoteo celiaco oportuno, mientras predico la verdad de la contaminación cruzada con el único empleado que hay en charcutería, tengo detrás de mí a un montón de señoras que miran mi persona con intenciones asesinas pues ven que lo mio va para largo, todas menos una señora rubicunda que sigue mi sermón celiaco con interés.
Cuando el empleado se pone a cortar mi pedido, me dice la señora rubicunda - ¿Así que eres celiaca? ¡Por eso te conservas tan delgadita y guapa! - y me sonrie de oreja a oreja.
De primera mano yo me sentí halagada por eso de guapa y delgada; una tiene su vanidad y esa edad en la que no desperdicias ninguna guapura que te adjudiquen, quién sea y dónde sea, pero de inmediato volví a la premisa de “cómo soy celiaca estoy delgada y guapa”, y ya no me hizo tanta gracia ¡Era lo que me faltaba! Qué con lo porculera que es la celiaquía, ahora se dedicara a robarme méritos ¡Eso si que no!

Miro a la señora rubicunda, tiene cara de esas personas que, o son felices o su psiquiatra le receta unas pastillas cojonudas; para mí que era felicidad en estado natural, pero la química avanza tanto, que nunca puedes estar seguro.
El caso es que, cómo la veo muy receptiva y con ganas de cháchara (y mi pedido iba para largo) le respondo toda animosa - ¡Uy no señora! Los productos para celiacos engordan muchísimo; mi body serrano es mérito mio, no de la celiaquía; herencia del yoga, taichi, pilates y tocar el piano ¡Me lo he ganado a pulso! – La señora que está muy contenta de que alguien le de coba, me replica toda interesada si tocar el piano adelgaza, y yo le puntualizo que, sólo sí tienes que andar tres kilómetros de ida y otros tantos de vuelta.
Seguimos de cháchara y me pregunta por qué no cojo autobuses para lo del piano, mientras el resto de personas en cola nos odian con muy diversos grados de intensidad y nos lanzan mirada letales.
Le explico que vivo en una zona rural en donde los horarios que figuran en el panel de la parada del bus son meramente informativos: te informan de que en algún momento pasará un bus, pero que tampoco los agobies con horarios y puntualidades. Y le explico que mi profesor si me agobiaba con horarios y puntualidades, y se encabezonó en que no era suficiente con que llegara cómo los buses de mi pueblo, es que encima tenía que llegar siempre a la misma hora. Y en fin y tal, me tocaba ir andando.
La señora me responde - ¡Ah claro, por eso estás tu tan delgadita y tan guapa! Por el campo.

Ante un nuevo halago mi vanidad y mi ego volvieron dando palmitas (me saltan sin que me de cuenta), y ahí andaba yo sonriendo cómo una reina de la belleza, cuando me paro a pensar que la señora nuevamente le ha dado el mérito al campo y no a mi esfuerzo. ¿Pero esto qué es? Primero la celiaquía y ahora el campo; todos me quieren robar.
Las miradas asesinas que disparan el resto de señoras en cola cuando el empleado me pregunta si quiero algo más, no se podrían cortar ni con un sable láser; ya no son los quince minutos que ha echado en preparar mi pedido, es que encima me lo he estado pasando bien con la señora rubicunda. Le digo que no, sobre todo porque si pido algo más soy mujer muerta, y la señora de la charleta me dice - ¿Cómo te llamas guapa? - Y cómo la veo que es de natural alegre le digo con voz a lo James Bond - ¡Llámame K, Celia K! - Y la señora se ríe y me dice - ¡Ay que simpática que eres! - y yo, que ya ando una poco jarta de que me roben méritos, y que veía que esta señora era muy de expropiar, le digo fingiendo seriedad - ¡Pero que sepa que es merito mio, no de la celiaquía! Qué esa lo único que hace es dar pol culo.

Bueno, un poco mérito de la celiaquía si es: tuve que escoger entre reírme o matar, y tengo entendido que la segunda está mal vista y socialmente poco aceptada.

13/9/15

DE ATERRIZAJES, GREMLINS Y CELIACOS

Después de pasarte muchos años entrando en urgencias y logrando una pastilla para los gases o los nervios, se ve que llega un día en que al señor de bata blanca se le acaban las pastillas y no le queda más remedio que hacerte unos cuantos análisis.
- Mire usted – te dice el de la bata con cara de circunstancia cuando le llegan los resultados – pues resulta que, ni tiene un pedo atascado ni está mal de la sesera, lo que le pasa es que es usted celiaco. Pero no se preocupe, ahora hay muchas cosas sin gluten en el Mercadona.
- ¿Lo qué? ¿Lo cualo? - preguntas tú medio alucinado - ¿celiqué? ¿Es contagioso? ¿Tiene que ver con ser vegetariana? ¿Es una infección por picadura de garrapata? Es que vivo en el campo y tal.
- ¡Que no puede tomar gluten señora! – te responde el médico con cara de estar hablándo con una lerda de pocas luces - Ya sabe, cereales – y tal que si te hubiera desvelado el secreto de la eterna felicidad, te largan del hospital con un - Ale, vístase que le damos el alta hoy y siga una dieta sin gluten ¡Y a ver si mejoramos!
Y tú te vas a casa de la mano de tu nueva muy mejor amiga la celiquía. De vez en cuando miras a esa amiga que te acaban de endosar en el hospital y te preguntas quién es, la verdad es que parece calladita y tranquila, no crees que sea muy difícil tenerla contenta, con quitarle la cosa esa de los cereales ya está. Esto es lo mismo que los gremlins, con no mojarlos después de la doce de la noche, solucionado ¡Está chupado!

Primer aterrizaje: Señores pasajeros de Aerolíneas Celiacas prepárense para aterrizar en el País de la alimentación.
Ya sabes que el gluten está en los cereales, lo que desconocías es que estuviera en tal cantidad de alimentos; Jamón york, queso, chocolate, salsas de tomate, enlatado, embutido, y un larguísimo etc. ¿Todo lleva gluten? ¡No es posible! ¿Por qué? ¿No era suficiente con tener la fruta y la verdura hasta los ojos de pesticidas, las carnes llenas de hormonas, antibióticos y esteroides, y el pescado con metales pesados? Pues parece ser que no ¡Bievenido al mundo de “todo lleva gluten, lactosa o azúcar”!
Lo de no mojar al gremlin después de las 12 de la noche ya no te parece tan chupado.

Segundo aterrizaje: Señores pasajeros de Aerolíneas Celiacas prepárense para aterrizar en el País de la contaminación cruzada o por transferencia.
Cuando te largan del hospital con tu nueva amiga, te dicen que sigas una dieta sin gluten ¡Y ya está! Luego tú te pones a mirar por internet y te encuentras no sé que de contaminación cruzada, y cómo el médico de eso no ha dicho ni pio, y lo que lees es tan extremista, acabas tomando a la mayoría de los celiacos por unos neurasténicos tela de obsesivos y pasas del tema, te dices a ti mismo que la vida no puede ser eso que le sucede a los demás mientras tú vigilas el gluten.
Guardas tu pan al lado de los demás panes glutaneros, tus cosas celiacas andan metidas entre las harinas corrientes, usas el horno a porrillo sin haberlo limpiado y hasta llegas a poner en un mismo plato tu comida con otras que tienen gluten. Y está bien, salvo que han vuelto las puñaladas estomacales y la tripa con alien, la diarrea, la febrícula y las nauseas continuas, pero cómo todo está bien, te tranquilizas diciéndote que eres celiaco y siempre tendrás cagalera y demás problemillas.
Todo esto se te ha prolongado varios meses porque eres poco sintomática y quieres seguir volando a tu bola, pero al final te toca tomar tierra y aterrizar en el país de la contaminación cruzada.
Limpias la cocina a fondo, sacas todos los alimentos glutaneros, cambias el horno, pones una neverita para ti y desde ya anuncias (porque eres la cocinera oficial de reuniones de familia y amigos) que a partir de ahora toda tu comida será sin gluten. Y de paso tb le metes mano a algunos cosméticos y los cacaos de labios que gastas a porrillo. Entonces se produce el milagro y descubres que ser celiaco no significa tener puñaladas continuas y vivir con diarrea ¡Ahora hasta te estriñes de vez en cuando! Y por fin, el alien que vivía en tu barriga y tu compañera la nausea parece ser que se han mudado.
Claudicas – vale, a lo mejor no tenía que haber andado regando el patio después de las doce de la noche con un gremlin al lado – y es que tu nueva muy mejor amiga, es más puñetera y complicada de lo que aparentaba, pero ahora ya eres una celiaca de verdad con su neurosis glutanera y todo.

Tercer aterrizaje: Señores pasajeros de Aerolíneas Celiacas prepárense para aterrizar en el País del comer fuera y/o irse de viaje. El comandante del vuelo les advierte que alucinarán pepinillos, fliparán en colores y hasta habrá pasajeros que no quieran aterrizar.
Ahora que ya tienes carnet de auténtico celiaco, con todas las neuras y frustraciones que implica el asunto, da igual que uno sea de natural pachón relajado y tirando lacio, da igual que hayas venido a este mundo con sentido del humor y sosegada paciencia, da igual que tengas un rico y preciso vocabulario con el que explicarte; nada de eso te será útil el 98% de las veces que te tengas que alimentar fuera de casa.
Desde que hace unos años me diagnosticaron, no había salido nunca de viaje más allá de pasar una noche por ahí llevando mi comida. La verdad es que estaba un poco reticente a viajar, pero al final encontré una excusa y me fui tres días a Granada.
En varios grupos de celiacos y en la asociación, hay archivos sobre restaurantes, hoteles y demás sitios con comidas aptas. Lo curioso es que la lista de la capital de mi provincia la tenía muy pateada y sabía que la gran mayoría de sitios que aparecen en ella no eran muy de fiar. De poco me sirve que en un restaurante tengan cerveza y pan sin gluten junto con menús adaptados, si no tienen ni pajolera idea de lo que es la contaminación cruzada y el protocolo a seguir para evitarla.
Tengo que comer y cenar fuera muchas veces por la capital de mi provincia, y he de decir que sólo me fio de apenas cuatro de esos negocios; todos ellos llevados por celiacos o familiares muy cercanos (y concienciados) de celiacos. No pretendo herir susceptibilidades, ni criticar el trabajo que otros hacen listando esos negocios, simplemente me he contaminado muchas veces en supuestos sitios con menús aptos, y he dejado de jugar a la ruleta rusa. Soy poco sintomática, pero, cuando me contamino lo sé a los 15 minutos de haber ingerido gluten: me dan tres o cuatro puñaladas en el abdomen y acto seguido mi estomago se hincha cuadriplicando su tamaño y me mareo cómo si estuviera borracha; los demás bonitos síntomas (que todos conocemos) me llegan al día siguiente y me duran varios días.
Teniendo presente todo esto ¿Por qué pensé que en Granada sería diferente?
¿Por qué? Pues porque no había aterrizado. Porque este es uno de los aterrizajes más duros que he tenido que hacer y he necesitado estrellarme con la realidad para tomar tierra; así que me fui a Granada a pasar 3 días (y lo del aterrizaje).
Reservé en un hotel recomendado, llamé antes de ir y me dijeron muy amablemente que tenían desayunos, comidas y cenas adaptadas, y me tranquilizaron diciendo que tienen muchos clientes celiacos. La primera mañana que voy a desayunar me sacan unas magdalenas recién horneadas, la camarera trae en una mano mis magdalenas y en la otra un plato con bollería glutanera para la mesa de al lado. Cuando pregunto dónde las han horneado me dice con cara de no entender – En el horno señora ¿Dónde si no? - le vuelvo a preguntar, ya muy mosqueda, que si es un horno exclusivo para celiacos y me responde que sólo tienen un horno para todo el mundo, y que han tenido muchos celiacos y jamás ha habido un problema – claro que todo depende de lo celiaco que seas - añadió cordialmente. Podría continuar narrando la conversación, pero el resultado fue que ella (y las mesas cercanas) me miraron cómo una loca de atar y yo me quedé sin desayunar.
¡No pasa nada, podemos seguir volando sin necesidad de aterrizar! Al lado del hotel he visto en mi super lista una pastelería/panadería que hacen bollería sin gluten y va empaquetada. Nos vamos mi marido y yo para allá. Es un local diminuto, atestado de panes y bollerías glutaneras en donde prácticamente ves flotar las harinas, mi marido me dice que ni entre y que no merece la pena llevarme nada a no ser que quiere lavar antes el envase con agua, jabón y un estropajo.
Y cómo no estaba por aterrizar, me eché unos cuantos frutos secos de mi reserva del bolso, y seguimos turisteando por Granada y decidimos tapear por algunos de esos sitios de mi super lista.
Resultado = Sitios con cerveza/pan sin gluten y tapitas/comida para celiacos hechas por personal que suelta el pan con gluten y se pone a hacer las tuyas en el mismo lugar que las otras y con las manos englutanadas.
Al tercer sitio sin haber probado bocado, frustrada, me rendí y decidimos ir al hotel a comer; por supuesto, me tocaba una vez más mi eterna compañera la ensalada.
La tarde que llegué a Granada fui a cenar al Café-Bar El Cortijo (todo cocina sin gluten y sin lactosa) La dueña es encantadora, de una amabilidad excepcional y con profundos conocimientos de dichas intolerancias (además de celiaca, intolerante a la lactosa y muy buena cocinera), y aunque estaba muy cansada y con poca hambre, disfruté una jartá picando con tranquilidad y tomando unas cervezuelas.
Cómo soy de natural optimista, me pensé que todos los sitios iba a ser cómo El Cortijo, y me fui yo la mar de contenta para hotel pensando que Granada era el paraíso de los celiacos. No acabé desayunando, comiendo y cenando allí porque al día siguiente, lunes, cerraban por descanso y bastante amable fue que abrió el domingo por la tarde, que tb suelen cerrar, por mí (ya os dije que es de una amabilidad excepcional). Luego vino mi lunes fatídico a base de frutos secos, ensaladas, y la oportuna compra en la sección de celiacos del corte inglés.
Mientras salia del corte inglés, comencé a aterrizar un poquito – pues a lo mejor llevar un gremlin despues de las 12 de la noche cuando está diluviando no es tan fácil, por mucho paraguas recomendado que te hayan dado. A lo mejor lo de viajar no es tan sencillo una vez te sales del mundo de la ensalada. A lo mejor la mayoría de la gente de hostelería no tiene ni pajolera idea de lo que es la contaminación cruzada. A lo mejor estás algo más limitadilla de lo que imaginabas.
Esa noche en el hotel vi en la lista un sitio de comidas sin gluten para llevar llamado Exceliente, con excelentes criticas de celiacos, pero cómo ya estaba tomando tierra de una vez por todas y con muchas moscas detrás de la oreja, pues no me fiaba mucho. Al final decidí probar suerte pues se hallaba cerca del hotel y había una librería de segunda mano al lado, así que decidimos dar un paseo ¡Y me tocó la lotería! (en la librería y en Exceliente) Dos chicos majísimos, celiacos y con la cocina libre de contaminación cruzada. Me lleve dos viajes de croquetas buenísimas y tengo que decir que al día siguiente desayuné croquetas de morcilla, que no será muy adecuado, pero estaban de rechupete y no tenían gluten.

He ido aterrizando poco a poco con mi celiquía. Desde las barbaridades de guardar mi pan con los glutaneros o poner mi comida en un mismo plato con otra que llevaba gluten, ha llovido mucho y he leído/consultado aún más.
Me he negado varias veces a reconocer que tengo una severa limitación alimenticia y me he empeñado en creer que no pasa nada. Casi me había convencido de que estar con diarrea, cefalea, nauseas y la tripa al borde del esplotido era un estado normal en el celiaco. Al igual que me había negado a dudar de cuantos profesionales me atendían con el tema de los menús adaptados.


No sé ustedes señores/as, pero yo, me doy por aterrizada con el gremlin seco después de las 12 de la noche.  

6/9/15

DE CELIACOS Y CAMAREROS

De entre las mil anécdotas de celiacos que a uno le van sucediendo (y si eres celiaco no te libras de absurdos surrealistas ni encerrándote en tu casa), novecientas de ellas tienen que ver con profesionales de la hostelería, al menos en mi caso concreto.
Por muy diversos motivos, he de comer/cenar en la calle varias veces al mes, y no siempre puedo elegir un sitio con cartas adaptadas. Este hecho me ha ido dando una perspectiva muy particular sobre cómo ve y se comporta un celiaco con los camareros y demás trabajadores del sector hostelero.
Y antes de empezar, decir que en ningún momento estas letras pretende ser un agravio o mofa a los camareros y demás profesionales del sector (todo los casos que expongo los he vivido personalmente), tan sólo es una mirada particular y socarrona con la que sobrellevar la batalla celiaca del “comer fuera” y no morir un poco en el intento; a veces lo consigo, a veces no.

El caso es que cuando eres celiaco desarrollas extraños poderes con el personal de hostelería y antes de que el camarero te haya saludado, tu ya le has hecho una ficha psicológica tan precisa que si el FBI supiera de tus habilidades te tendría adiestrando a sus agentes y dando conferencias por el mundo.
Habrá celiacos que lo hacen más conscientemente y otros menos, pero ahí están tus poderes, y sin que lo sepas, tu cerebro tiene catalogado un amplio repertorio de la tipología “El celiaco y el camarero”

- El camarero que se te acerca arrastrando los píes, tiene ojeras, sujeta el chisme de las comandas con fastidio y no deja de resoplar: Está cansado y harto del día, hay que soltarle la parrafada celiaca con frases cortas y tono neutro, el contacto visual ha de ser relajado y se reserva la intensidad visual para la frase final acompañada de sonrisa cálida y el oportuno por favor sobre los protocolos a seguir en tu comida. Si al finalizar te pregunta, con corrección neutra “¿Alguna cosa más para comer?” Date por un poco muertito en el intento, porque no se ha enterado que tu problema no es que elegir que comer si no averiguar si hay al menos una opción.
Catalogación: Aliado transitorio de conveniencia - Nivel Arriesgadillo.

- El camarero que se te acerca viene con paso brioso nada más verte, lleva el uniforme impecablemente puesto, reketepeinado, las uñas arregladisimas y ha empezado a sonreír antes de que tus posaderas tocaran la silla: Este tipo de empleados suelen ser habituales en los restaurantes y hoteles elegantes, aunque los hay en todo tipo de hábitats.
Aquí procede una parrafada celiaca muy bien explicoteada con maridaje de preguntas claves sobre la contaminación cruzada, la freidora, la plancha y el horno. Puedes excederte y dejar volar tu neurosis celiaca todo lo que necesites, siempre serán amables, colaboradores y te ofrecerán toda información solicitada además de darte facilidades
Catalogación: Amigo en terreno hostil – Nivel Fiable oscilando a Fiablillo.

- El camarero que se te acerca con paso relajado y paciente mientras porta el chisme de la comanda cómo si fuera una extensión natural de su brazo, y apoyando la mano libre en tu silla saluda con familiaridad. Son esos profesionales bonachones y bien intencionados que suelen desconocer que el camino al infierno celiaco está empedrado de buenas intenciones. Andan algo perdidos con lo del gluten, eres el primer celiaco que les cae en una mesa y se sienten un poco perplejos, pero son de natural amable y colaborador. Ellos no pueden poner mucho de su parte, pero cómo hace más el que quiere que el que puede, tú acabas cenando lo más seguro que te pueda ofrecer.
Catalogación: Amigo de gran ajenitud celiaca en terreno hostil – Nivel bastante fiable si no lo lías con florituras y antojos.

- El camarero que se te acerca sin que te hayas fijado en su presencia y cuando le largas tu parrafada celiaca, dudosa sobre la técnica a usar porque no has podido catalogarlo, y va y te suelta con una sonrisa tranquilizadora que él es celiaco. Ahí, en ese momento, se te empieza a derramar el amor y te dan ganas de decirle que lo quieres. Y cuando te informa de lo que puede ser fiable para ti, te pregunta si quieres un poco de pan sin gluten, que él tiene metido en un tuper fuera de la cocina, y te tienes que contener para no arrodillarte y pedirle matrimonio. ¿Tú comiendo pan sin gluten en un restaurante sin cartas adaptadas? El momento apoteósico llega cuando te ofrece un par de cervezas sin gluten que tiene por ahí, es inevitable que te levantes, le declares todo tu amor celiaco y le tomes las medidas para hacerle una estatua a tamaño natural de platino.
Catalogación: Te quiero, te adoro – Nivel Te sigo queriendo y adorando

- El camarero que se te acerca y después de tu parrafada te dice todo sonriente que es un poco celiaco o con parientes un poco celiacos y que controla el tema (me he llegado a encontrar una camarera que antes era celiaca y se curó): Todos sabemos que la enfermedad celiaca, al igual que la preñez, carece de grados. O estás preñada o no, o eres celiaco o no. Y es para siempre (la E.C., no la preñez)
Catalogación: Vade retro satanas – Nivel Peligro Apocaliptico

No he mencionado a nuestros profesionales favoritos del sector, los de restaurantes adaptados en donde hay un celiaco en el negocio, porque a esos sitios vamos con los pompones en el bolso, la pancarta de 3 metros llena de frases entusiastas y les hacemos la ola cuando vemos más de dos postres para elegir.
He sido camarera y cocinera muchos años, con situaciones absurdas y surrealistas de todo tipo (es una profesión que se presta a ello) pero mirar y relacionarme en este sector desde la particular y estrecha esquina de la E.C., ha sido muy enriquecedor; tanto a nivel alimentario cómo literario.


¡Buen provecho sin gluten!