4/2/16

EXPECTACIÓN CELIACA

Soy agricultora celiaca y cultivos cítricos ecológicos. Ya sé que no hacía matizar que era celiaca, y hasta he estado a puntito de decir que mis cítricos no tienen gluten en plan garbanzos del Mercadona, pero mi realidad se mueve entorno a la celiaquía, y si, La Celi (mi Celi puñeterilla que me acompaña a todos los lados) también influye en mi trabajo.

Por ejemplo, en verano, en uno de esos días que recogen la naranja a 40 y pico grados y llega la hora de comer, hago limonada fresquita y se la suelo llevar a los recogedores.
A lo largo de 20 años he visto cómo las cuadrillas de recogedores de fruta han ido variando de nacionalidad; desde la fría Rusia de los 90 que nos dejó hasta un par físicos hablando cuatro idiomas y recogiendo mandarinas, pasando por todas las nacionalidades de países del este y africanas, hasta los años de crisis que nos llevó de nuevo al español y a reencontrarnos con gente del pueblo que se había estrellado en la construcción, desde entonces, ha llovido mucho y se han hablado muchas lenguas entre mis árboles.
Por fortuna para mi Celi, desde que ella llegó años ha, todos los recogedores son de por aquí cerca, así que, cuando les arrimo limonada o refrescos, y me ofrecen sentarme y compartir un trozo de salchichón, les explico que soy celiaca y que no puedo comer de casi nada porque me pongo muy enferma.
Los primeros tiempos con La Celi daba más explicaciones de lo que era el gluten y los cereales y tal (que acababa pareciendo Jesús predicando en el monte de los cítricos), pero era para peor porque la gente se me liaba y terminaban por mirarme raro (con ese gesto tan peculiar de “pareces un poco tocadilla del ala y sospechamos que se te está yendo la pinza un pelín”).
Con la sentencia de “soy celiaca y no puedo comer de casi nada” cómo nadie tiene claro que es la EC., y les da un poquito de vergüenza preguntar, puedo rechazar alimentos sin ofender y sin resultar altanera, y así, en lugar de parecer una zumbada de la comida, tan sólo resulto misteriosa; misteriosa tocadilla del ala y con la pinza desviada.

En la última campaña de cítricos, después de uno de esos días de sube, baja, correveydile, anota, habla por teléfono, cuenta, pesa, etc. A las 8 de la noche, mi marido y yo caímos en que la nevera y alacena estaban tiesas porque llevábamos no sé cuantos días con el mismo plan, así que salimos corriendo al supermercado ese de Allihaydetodoparalosceliacos.
Llegamos a toda pastilla, enchufamos la moneda al carro y nos pusimos a hacer spring por los pasillos. Y la gente nos miraba raro, al principio no le presté atención porque tenía media hora para hacer la compra, tempus fugit, pero si algo reconozco son las miradas raras (merced a la celiaquía las he ido catalogando todas). Miro a mi costilla y veo que él no tiene nada raro, ok, no es él, así que soy yo. Me miro, pero no me veo nada anormal, y por si acaso le pregunto a él.
- ¿Tú me ves algo raro? ¿Tengo algo en la cara? ¿Me ha salido alguna protuberancia en la espalda o algo así?
- Pues no - me responde tras echarme un vistazo de arriba a abajo - estás cómo siempre.
- Pues la gente nos mira – le replico toda intrigada – y yo tampoco te veo nada que pueda llamar la atención, pero nos miran.
- ¡Entonces va a ser porque somos guapos! - me dice muy satisfecho.
- Perdona Brad Pitt, ese tren me da que pasó hace un rato, pero puedes llamarme Angelina si te hace ilu. Yo creo - le digo muy seria mientras sigo con mi runrún – que me miran porque soy celiaca, que los celiacos levantamos muchas expectación – aclaro con la fingida humildad de una estrella de Hollywood – somos exóticos a nivel alimenticio.
- Perdona mi ferroviaria Angelina, ese tren ni siquiera ha salido de la estación ¿Los celiacos levantando expectación?
- ¡Si, y mucha! - yo erre que erre, ya que me he subido a la burra, no me voy a bajar tan fácil - eso sí, para la expectación necesitamos una mesa de por medio o un sarao con comida - aclaro mientras mientras meneo una berenjena en plan magistrado del Tribunal supremo con su mazo - ¡Si es que me discutes por discutir! - cómo el reponedor de verdura anda por allí me contengo de pegar un berenjenazo en el peso en plan sentencia, pero a puntito estuve.
- ¡Qué no, qué no cuela! Dime una sola ocasión en la que hayas levantado expectación celiaca.
Me quedo pensando un segundo y me viene a la mente el último gran sarao familiar; la boda de mi sobrino Pablito (Pablito se está quedando calvo y echando la barriguilla de la edad, pero siempre será sobrinito)
- ¡La boda de Pablito! ¿O me lo vas a negar? - pregunta con nivel de chulería aproximándose al 99% - que estaban los camareros de la parrilla allí, todos nerviosos a la aparición del celiaco.
- ¿Y no sería que esperaban a un señor madurito y cuando dijiste a los de la parrilla que tú eras el celiaco (en masculino) se pensaron que eras un transexual monísimo?
-Es que iba monisima, que lo uno no quita lo otro. Son cosas que pasan al usar el pronombre masculino cómo genérico ¡Pero expectación celiaca y caras de asombro hubo una jartá! Al menos hasta que me contaminé y me tuve que ir.
- No sé que decirte de tu expectación celiaca, pero ahora si sé por qué nos miran; llevamos 5 minutos haciendo mimo, tú con la berenjena y yo con el racimo de plátanos. Vamos a acabar la compra.

Cuando llegamos a casa, nos ponemos a descargar las bolsas y una sobrina que anda por aquí me saluda y pregunta si venimos de hacer la compra.
- ¿Habéis ido con esas pintas? - pregunta la sobrina conteniendo la risa.
Me quedo un poco ojiplática, miro a mi costilla y a mí alternativamente y reconozco que conjuntar, no nos conjuntamos mucho. Él lleva unos pantalones escurridos y machacados de un color indefinible, con estampados de tierra, hierbas y aceite de motores varios, la camiseta no sale mejor parada que el pantalón y se podría jurar que esa prenda jamás fue nueva o moderna; al menos no desde el paleolítico.
Mi atuendo va a juego con el de mi marido; pantalón de colorines imposibles y dibujos fractales que provocarían desprendimientos de retina en masa en los carnavales de Cádiz, camiseta que inicialmente era rosa fosforito y ahora se ha convertido en un color nuevo que no existe en la tabla de colores, y sandalias de margaritas con calcetines que se aproximan al verde sin llegar a conseguirlo (ponerse calcetines con las sandalias es la gran joya de la importación guiri, y lo recomiendo con entusiasmo). Fuera parte de que ambos llevamos pegadas hierbas de esas cuyas semillas hay que sacar con bisturí y alguna que otra hoja por el pelo.
- Pues tu tía empeñada en que nos miraban por expectación celiaca – le dice mi marido a la sobrina con retintín – menuda chicharrera le ha dado en el super.
- No Tita no - me responde la sobrina – no era expectación celiaca; es por el atentado de lesa majestad al decoro y el estilismo.
- Si ya, atentados estilísticos, pero si se lo ponen cuatro modelos famélicas de Desigual entonces es moda ¡Que sepáis que esto lo voy a contar en internet! Y se titulara “Expectación celiaca” ¡Ea!


Y bueno, ya lo he cascado.

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