¿Sabes Celi? Que dicen
los escritores profesionales que hay que crear hábito de escribir;
al menos doscientas palabras al día. Y leer, leer, leer y leer: leer
mucho.
Pues nada, vamos a ver si
soy capaz de cumplir con las 200 palabras diarias, y me labro una
hábito o algo parecido, en lugar de escribir a salto de mata cuando
me agarra la inspiración, me dejan tiempo las obligaciones y hay una
alineación de al menos cinco o seis planetas con la tierra.
Mira Celi, creo que en
esto de la escrituralidad, yo empecé la casa un poco por el tejado,
porque lo primero que hice fue plantearme que quería un Nobel. Luego
ya estuve mirando las diferentes disciplinas, y me pareció que la
que más me pegaba era literaria ¡Me veía yo con duende en el
asunto! Y allá que empecé a escribir a loco, sin hábito,
metodología, disciplina, ni na de na.
Eso si, escribo poco, pero
en lo del leer ¡Ahí voy sobrá! Que leer si he leído, una jartá
de libros de todo tipo, que te daba yo conversación sobre las
grandes civilizaciones, el imperio romano y la dominación árabe que
talmente parecía que me había criado encerrada en el sótano de una
biblioteca quemándome las pestañas entre pergaminos; en una ocasión
hice de guía cultural en el asentamiento romano de Baelo Claudia, me
dejaron pasearlas y cascar cerca de una hora para un grupo, y hay que
decir que se me noto mucho que babeaba de placer hablando de toito
to, pero lo de que era la primera vez que visitaba ese sitio pasó
total y absolutamente desapercibido.
Y lo mismo que te hablo de
los imperios, si hace falta saltar a la física cuántica, saltamos,
me enrelio un poquito con ella, porque yo soy de letras y el tao de
la física y aledaños es más terreno de mi costilla (que él es de
ciencias) pero incluso en esos resbaladizos terrenos, araño un
aprobado cuántico raspado.
De literatura ni hablo que
me pongo insoportable perdía y esas cosillas sólo me las aguanta La
Lucy; que nos podemos tirar horas destripando una frase mientras nos
pegamos buesazos, salingerazos y sipanazos* a diestro y siniestro. Es
tal nuestro nivel chicharreril literario que leemos libros que no nos
gustan naita na y los disfrutamos, y nos da para meses de destripe
quirurjico.
Y si quieres ver cómo se
me hace el culillo psicola, háblame de hormigas o etología de
cánidos. O si los bichos y los perros no te van mucho, pues de
agricultura, biología, sociología, psicología, nutrición, o de lo
que sea que seguro que he leído algo sobre ese loquesea.
Que dirán ustedes que
cuando salen aquí los celiacos, que fueraparte de presumir de culta
e instruida (¡Menudo fardazo sobrao me he pegado! ¿Eh?), no se ha
mencionado ni una vez el gluten. Tranquilos ya vamos; que esto no es
sólo para que lean ustedes, que también es para hacerme mi terapia
celiaca y ahorrarme pasta en psiquiatras.
El caso es que la gente
que me rodeaba solían catalogarme de enciclopedia andante, y digo
solían en pasado, porque unos pocos años antes de que me
diagnosticaran la EC, comencé a notar que mi memoria fallaba
levemente en temas sobre los que tenía mucho dominio, o a veces me
resultaba difícil usar palabras concretas en ciertas conversaciones
en dónde necesitaba precisar, palabras que para mí eran habituales,
pero que no me salían así me implosionaran todas las neuronas.
En aquel momento no le dí
importancia, y lo justifique con el estres, las prisas, pachucherío,
un mal día; amos, lo que se conoce en general cómo la vida y sus
vaivenes.
Cuando me diagnosticaron y
comencé a hacer la dieta sin gluten (correctamente claro) esperaba
que esa falta de memoria mejorara ¡Mentira cochina! Esperaba que
desapareciera y volver a ser la enciclopedia de siempre. Pero esa
breva no cayó, cómo tampoco cayó la de dejar de sentirme agotada,
la falta de concentración, y otras cuantas más que La Celi
puñeterilla se ha quedado porque si; porque ella (mi celiaquía: mi
Celi) es así de chula y me coge mis cosas sin preguntar y casi nunca
me las devuelve.
Así que ahora lo máximo
que logro parecer es lista del montón tirando a listilla (con
algunas actuaciones estelares en donde mi antiguo yo de cátedra y
mención especial me surge de los adentros profundos sin saber cómo),
pero en general, hago cada papelón de lerda cuando confundo una
información con otra o me enrelio usando mal palabras cultas, que
cualquier día me encierran por maltrato obsceno con alevosía al
conocimiento y la lingüística.
Mira Celi, sólo me estás
dejando un tema para estar horas hablando de él y seguir pareciendo
la enciclopedia culta e instruida de antaño: enfermedades
autoinmunes con mención especial a las intolerancias alimentarias, o
cualquier asunto cercano o lejano a ellas. Cómo es una temática
sobre la que leo y me informo continuamente, no le da tiempo a La
Celi a perdérmelo por ahí.
Y vale, lo acepto, acepto
que las cosas no sean cómo antes ¡Envejecer es hacer limpieza! Que
decía Ernest Junger, no es la limpieza que yo había planeado pero
lo acepto, no me importa parecer una lerda si al menos me manejo en
un tema en concreto con soltura ¿Qué ha de ser la celiaquía? Pues
que sea ella; lo acepto, no voy a decir que lo haga con gusto, eso si
que no, pero transijo.
Tengo en ese terreno
historia, biología, sociología, surrealismo (a raudales),
psicología, botánica (¡No imagináis lo interesante que es la
genética de los cereales!), nutrición, cocina y un largo etc. de
ramas relacionadas con el asunto: vale, sólo un tema ¡Llámame K,
Celia K.!
¿Sabes cual es mi triste
pena Celi? Pues que el tema celiaco y de enfermedades autoinmunes no
es muy popular que digamos, que no es cómo el Walking Dead ese, el
furbor o la piratería politica, que en cualquier charla lo
cuelas y echas un rato la mar de agusto. Y cuando consigues colar el
tema, el publico no se entusiasma mucho y enseguida te miran raro y
tal (y a La Lucy la tengo ya tan achicharrada que el día menos
pensado la hacen de Hija Adoptiva de Los Celiacos y se la llevan pol
mundo a dar conferencias para adiestrar a familiares y amigos de
celiacos), y claro, yo tengo ahí una pechá muy grande de cosas que
no las puedo compartir de charleta con nadie.
Así que escúchame bien
Celi: por el bien de nuestra relación, por mi salud mental y por los
niños – vale vale, no me pongas caras raras; no tenemos niños,
pero esa frase siempre produce una gran carga dramática, y aunque
sea una tímida patalógica, hay una pequeña vena de actriz dentro
de mí que de vez en cuanto se me escapa – por lo poquito que me
queda de lista, por favor Celi, mira a ver si me dejas coger hábito
para al menos escribir doscientas palabras al día. A ver si nos
descubre una editorial celiaca y nos publica un libro ¡Qué lo
difícil es publicar el primer libro! A partir de ahí lo de ganar el
Nobel son cuatro letras, dos patadas y un par de comas bien puestas
(otra cosa no, pero positivona soy un rato ¡Ruego me lo valoren!)
- Me lo pensaré – dijo
La Celi asintiendo con solemnidad.
- ¿Sabes Celi? Borges**
decía que el rio más largo del mundo coge, todo él, en la palabra
Nilo. A lo mejor no hace falta que sean tantas palabras todos los
días.
- ¡Puñetera eres!
- ¡Yo también te quiero
Celi!
* Emilio Bueso, Salinger y
Óscar Sipán son algunos de los autores que adoramos y que salen en
nuestra conversación tal que si fueran de la familia; son cómo
nuestros maridos literarios. Y para que no me riña La Lucy, aclaro:
Salinger (por el momento) sólo es adorado por ella; es un trauma muy
grande el que tiene la pobre mujer conmigo y Salinger.
** Creo que es de Borges,
pero son de esas cosas que La Celi me esconde y lo mismo es de otro
grande.
Quién será esa amiga tuya? La Lucy? parece una mujer fascinante a la par que atractiva
ResponderEliminarPerdone señora extraña, usted no la conoce.
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