7/12/14

LA AMANTE CELIACA AUSENTE

Desde que su amante celiaca lo había abandonado, recorría los restaurantes con menús especiales para celiacos trayéndola en cada bocado. Buscaba de reojo las cervezas sin gluten en las mesas de otros comensales estrechando más su conexión con ella. Se afrentaba con el mundo y los camareros cuando por descuido le ponían pan normal o se equivocaban con la cerveza. Se prohibía añorar cualquier vianda con férrea disciplina y trataba los aromas prohibidos con frío desapego emocional, no le salía de forma tan natural cómo a ella, pero aprendió a educar su mente.

Visitaba médicos con dolencias poco concretas e inventadas para decirles, cuando ya le extendían una receta, que tenía un problema con la celiquía y ver cómo consultaban fastidiados el vademecum sintiéndola intensamente. Inmediatamente se dirigía a las farmacias, les pedía que comprobaran que el medicamento no tenía gluten y casi notaba su presencia incorporea tomar forma cuando empezaban a consultar recetas, mirar el ordenador y acababan llamando al fabricante. 

Se extasiaba yendo a comprar pintalabios y maquillajes. Desquiciaba a las vendedoras diciéndoles que eran para su amante celiaca, daba largas explicaciones sobre que tal o cual producto que era de base de gluten, contenía trigo, avena o cebada y al final nunca los adquiría aludiendo que no estaba seguro y ante la duda prefería no arriesgarse, no era una cuestión de ahorrar dinero, consideraba que si no era seguro no debía adquirirlos y casi notaba el hombro de ella rozando con el suyo cuando se marchaba cabizbajo y decepcionado por no haber podido comprar cosméticos a su amante cealica.



Mataba la añoranza de la amante con ausencia de gluten; fue lo único que se dejó al marcharse; una severa intolerancia a la ausencia de su celiaquía.